La nueva normalidad es un asco

 


Ni Semana Santa, ni fiestas patronales, ni fútbol en las gradas, ni botellones, ni velatorios, ni vaquillas, ni bodas, ni aglomeraciones en las rebajas, ni playas a tope, ni chiringuitos llenos, ni vacaciones como dios manda… La pandemia nos ha dejado sin nada y la nueva normalidad es una vida insulsa y solitaria, kafkiana. Desde que empezaron los ataques del coronavirus no hemos desconectado de cifras de contagios y muertes, de escaladas, confinamientos y restricciones. La incertidumbre y la zozobra son nuestras principales emociones. Se nos ha ido la alegría de vivir porque la amenaza del mal, ya sea en forma de enfermedad, ERTE, desempleo, teletrabajo, desavenencias irreconciliables en política o regreso a las aulas, lo inunda todo.

La nueva normalidad es un asco que huele a hidroalcohol y sabe al polipropileno de la mascarilla.

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