En el cénit de la imbecilidad

 


Como sociedad, hemos alcanzado el cénit de la imbecilidad. Nos han inculcado la idea de que hay que hacer lo que se puede y más. Todos podemos triunfar y conseguir lo que nos propongamos, si no lo hacemos, es culpa nuestra. Debemos ser individuos productivos, esto significa no parar nunca, estar en permanente actividad. El tiempo sin hacer nada es tiempo perdido. ¡Corre, no pares!  

Así hemos caído en la autoexplotación. Es el gran triunfo del neoliberalismo. Eres emprendedor, tu propio jefe. ¿Contra quién vamos a dirigir la revolución? Nadie nos oprime. Pensamos que somos libres y nunca hemos sido más cautivos. Cautivos y víctimas del narcisismo, porque ser observado, ser el ombligo del mundo es el leitmotiv de nuestras vidas. Cautivos y víctimas del big data, ya no somos dueños de nuestro destino, sino el resultado de una operación algorítmica que nos domina sin que nos demos cuenta. Cautivos y víctimas del tiempo, de esa aceleración que nos impide disfrutar del presente, porque el sistema productivo así lo impone.

Quizás tengamos suerte. Quizás este sistema desquiciado implosione por sí mismo.

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