Odiadores compulsivos

 

En España se odia muy bien, nos gusta, practicamos a menudo, le dedicamos tiempo, esfuerzo y mala baba para pelar a quien sea. Solo nos faltaban las redes sociales para que el odio llegue al último rincón del mundo.

Lo que para unos es comprensible y bueno, para otros es intolerable y malísimo. Cada cual razona su postura con vehemencia. Cada postura tiene devotos y detractores acérrimos. Siempre me sorprende esa virulencia en las reacciones, cómo nos detestamos. No es para tomárselo así, pienso, pero la turba disfruta con los linchamientos, mordiendo la yugular de la víctima caída en desgracia.

Con lo fácil que sería vivir y dejar vivir. ¿No tenemos cada uno suficientes problemas en nuestra vida que tenemos que entrometernos en la ajena? Soy más del Que les den, que de odiar a quien no piensa como yo. Siempre hay alternativas al odio, como la indiferencia. No comprendo qué placer se obtiene de masacrar a alguien, al político o al famoso que detestas, al equipo de fútbol contrario... ¿Tanto cuesta pasar de ellos?

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