Insolidarios

 


Hemos quedado para planificar un trabajo y nada más llegar a la cafetería se quita la mascarilla. A continuación me expone su postura: la mascarilla le agobia (como a casi todos), es un rollo (de acuerdo) e innecesaria en espacios abiertos (si él lo dice…).

No me molestan sus opiniones, ni que simpatice con algunos postulados negacionistas, cada cual puede tener en su cabeza las ideas que considere oportunas. Lo que me fastidia es que está sentado frente a mí. Como no quiero hacer mala sangre intentando disuadirle de su postura ni pidiéndole que se coloque la mascarilla, alejo mi silla discretamente. Llega el camarero con el flus-flus higienizante y su mascarilla perfectamente colocada, nos toma la comanda y no le dice nada.

Nadie está a salvo en esta pandemia si no la prevenimos todos. La insolidaridad y la falta de respeto son aliados del virus. Las cifras están ahí, y los muertos. La respuesta tiene que ser colectiva.

Nos pidieron sensatez y que nos quedásemos en casa, surgieron los aplausos a los sanitarios y los carteles con el eslogan: Todo irá bien. De ahí hemos pasado a los ataques a los sanitarios y a las manifestaciones contra la mascarilla y otras medidas de protección. Estamos volviendo atrás y parece que no nos importa.

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