No puede pintar peor

Lo confieso, no conocía a Kanye West, quizás porque el rap del norteamericano me es indiferente; no sigo las andanzas de su mujer ni del clan de las Kardashian, que también me la refanfinflan, pero desde que West tuvo la ocurrencia de postularse como futuro candidato a la Casa Blanca, he empezado a interesarme por él tanto como a inquietarme.

A poco que he seguido la vida y milagros del rapero, he llegado a la conclusión de que no está completamente en sus cabales, que se le ha aflojado un tornillo, vaya. Mis sospechas se confirmaron cuando visitó a Donald Trump en su actual Casa, se dio un abrazo con ese incalificable señor y se declaró su seguidor number-one, incluso prometió retrasar su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos para que su ídolo y paladín concluyera su misión en la tierra, que es nada menos y nada más que hacer de su país el mayor imperio habido en el mundo. Luego el muchacho se puso trascendental y se autoordenó predicador, sus peculiares misas dominicales suman puntos a su historial como orate. Con la pandemia todo se ha acelerado, y se presentó a presidente. Luego se lo pensó mejor, y ya no se presenta, o sí, según venga el aire, porque dependiendo del día mola más o menos ser presi de los USA.

Al matrimonio West-Kardashian no les ha sentado muy allá el confinamiento y sus trifulcas y sus gritos durante el encierro se escuchaban en la estación orbital. Él se ha ido a un rancho de tres hectáreas y catorce millones de dólares que tiene en Wyoming, donde piensa criar ovejas, con la lana de las ovejas hará jerséis y, con la pasta que gane por la venta de los jerséis, construirá la sede de la iglesia que se ha inventado y que tendrá el tamaño de «tres naves espaciales», para que se hagan una idea. Por el camino, West ha confesado que durante el embarazo de una de sus hijas escuchaba unas voces que le pedían que Kim abortase.

West ya ha sido diagnosticado de trastorno bipolar, pero los que saben de esto apuntan que padece esquizofrenia y que la familia de su mujer, o su ex mujer, quién sabe en qué fase se halla la relación, quiere ingresarlo en un frenopático.

Ya conocen la simpatía que me despierta Trump, pero si la alternativa de los estadounidenses es West, el futuro de la humanidad no puede pintar peor.

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