Labor de todo el mundo


Tedros Adhanom Ghebreyesus, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se ha propuesto amargarnos el verano, ya de por sí raro, que vivimos. Ha lanzado un aviso a la población mundial: la transmisión del coronavirus acelera el ritmo, su expansión es cada vez más rápida y el pico de la pandemia «aún está por llegar». Ha dado la siguiente cifra para respaldar su alerta: «El mundo tardó 12 semanas en llegar a los 400.000 casos y durante el (último) fin de semana se han registrado más de 400.000 casos en todo el mundo». Más gráfico no ha podido ser.

Los datos de la OMS muestran que ya se han registrado 11,4 millones de positivos por COVID-19 en todo el mundo y hay más de 535.000 personas que han fallecido por esta enfermedad. Tedros destaca que, a nivel global, los decesos parecen haberse estabilizado, aunque los datos desgranados por territorios ofrecen tendencias diferentes.

Los rebrotes que se están produciendo en nuestro país eran previsibles. El de la comarca del Segrià, por ejemplo, estaba cantado. Cada año acuden temporeros para trabajar en la recogida de la fruta y los empresarios necesitan mano de obra para realizar esta labor; cuanto más barata, mejor, y si es ilegal tampoco importa demasiado. No se han adoptado medidas para detectar los casos positivos ni se ha hecho un seguimiento o rastreo, algo primordial.

Lo que nos jugamos es mucho, nuevas reclusiones y, puestos en lo peor, más muertos. Se está poniendo en peligro todo lo que con tantísimo esfuerzo hemos conseguido y el reinicio de una relativa actividad económica. Queda en nuestra conciencia usar la mascarilla, guardar la distancia recomendada y seguir las indicaciones que las autoridades sanitarias impongan.

 


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