Depende del color del cristal


Pablo Iglesias interpreta que el acuerdo alcanzado en la cumbre de la UE para activar la economía y paliar la recesión provocada por la pandemia del coronavirus es un espaldarazo al gobierno de coalición español, y que permitirá acometer reformas estructurales sin tener que hacer más recortes.

Iglesias prefiere obviar que todos los países de la UE deberán presentar planes de reformas e inversiones a la Comisión Europea, un requisito imprescindible para evaluar si se cumplen o no las recomendaciones económicas y las políticas sobre crecimiento, empleo y transición ecológica y digital. En el caso de que existan incumplimientos, las ayudas se paralizarán hasta que se solvente la cuestión. Este punto se ha añadido para contentar a Países Bajos, que pedía que existiera derecho de veto sobre las reformas propuestas por otros países.

Francia, Italia y España solicitaban un plan de choque de 750.000 millones y que 500.000 millones de euros se aportasen en ayudas directas. Finalmente habrá que conformarse con un plan de subvenciones de 390.000 millones y préstamos de 360.000 para alcanzar los 750.000 millones anunciados. En lo que concierne a España, la inyección de liquidez rondará los 140.000 millones de euros, se ha tenido que renunciar a 5.000 millones de euros de ayudas directas. Pero el presidente Sánchez se siente satisfecho, dice que se trata de «un gran acuerdo para España y un gran acuerdo para Europa, que no quepa duda que hoy se ha escrito una de las páginas más brillantes de la historia de la Unión Europea».

Aun con la ayuda europea, la situación de la economía española es crítica, y salir de este nuevo agujero rojo no será fácil, porque los indicadores de actividad oscurecen las previsiones y merman el optimismo.


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