Comemos plástico


Cada semana comes el equivalente a una tarjeta de crédito en plástico. Los microplásticos ya están dentro de nuestra cadena alimentaria, en los alimentos que comemos y en el agua. El artículo «Superautopista de plástico: la horrible verdad de nuestros desechos ocultos en el océano», publicado en The Guardian pone los pelos de punta.

El océano es un gigantesco vertedero y cada país con litoral tiene una vía de acceso, pero el problema es de todos. En el caso del plástico, la temperatura del agua es importante, porque si se encuentra en una zona submarina fría, el plástico se conservará indefinidamente, pero si llega a tierra, el plástico se fragmenta en las rocas o se tritura mediante la arena, llegando a tener un tamaño microscópico. Los animales marinos comen plástico. El plástico entra en la cadena alimentaria y acaba en nuestros estómagos.

Con frecuencia, el daño ambiental es lento, disperso y distante para que nos percatemos de la urgencia de hacer algo. Los datos, las estadísticas o los diagramas no nos dicen mucho, pero ya hay imágenes que lo dicen todo.


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