Ley y orden


La muerte de George Floyd en Mineapolis ha provocado una unánime repulsa ciudadana, que protesta contra el racismo y la violencia policial en Estados Unidos. Las críticas se han ido extendiendo por otros países, generando momentos de tensión y enfrentamiento entre manifestantes y policías. 

En la ciudad de Nueva York, un policía empuja a un hombre de 75 años, que cae al suelo inconsciente. Varios agentes pasan a su lado sin prestarle atención ni socorrerle y están siendo investigados. 



Los abusos de la policía se están produciendo con ancianos, periodistas, personas de color y manifestantes en general. Ahora estos abusos se conocen, ya que son grabados por medios de comunicación y por personas anónimas que los cuelgan en las redes sociales.

Donald Trump se mostró perturbado por las imágenes que mostraba la televisión. No soportaba que alguien pudiera pensar que se había escondido en el búnker de la Casa Blanca por cobardía. Así que quiso tomar las riendas de la situación, culpó a los anarquistas de las alteraciones de orden público y exigió mano dura a los gobernadores. «Muchos de vosotros sois débiles». «Tenéis que arrestar a gente, tenéis que seguirles, tenéis que meterlos 10 años en la cárcel para que esto no vuelva a suceder más». «Tenéis que dominar la situación porque si no parecéis una panda de gilipollas», les dijo en una videoconferencia cuyo audio obtuvo la cadena CBS.

Trump quiere enviar al ejército a algunas ciudades del país y la idea no ha gustado ni a sus asesores. Ya le salió el tiro por la culata en esa demostración de fuerza que fue el paseo por la plaza Lafayette hasta la iglesia de St. John para hacerse una foto con la Biblia en la mano. Para que pudiera realizar ese paseo triunfal, hubo que vaciar la plaza de manifestantes pacíficos, a porrazo limpio y con gases lacrimógenos. Donald Trump se ha autoproclamado el «presidente de la ley y el orden», mientras la gente sigue pidiendo el fin de la injusticia racial y social. Todo se desarrolla en una realidad perturbadora: en unas pocas semanas, la pandemia del coronavirus ha matado a más de 100.000 estadounidenses y ha dejado sin empleo a 40 millones de personas.

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