In illo tempore

La muerte en un caballo pálido, Benjamin West


En aquel tiempo eventos terribles estremecieron al mundo. Llegó el castigo largamente anunciado. Se cumplió la profecía. Los signos se hicieron presentes: hubo terribles debacles y también ocurrieron prodigios. Apareció la bestia de mil cuernos, que no era enorme como pensábamos, sino diminuta, y dejó en evidencia a la raza humana. Presas del pánico, las gentes dieron en comprar papel higiénico, pues intuían que iban a cagarse de miedo. Muchos corrían de aquí para allá buscando frenéticos una mascarilla redentora, mientras que otros las paseaban orgullosos y desafiantes sujetas al codo, como muestra de valor.

La segunda plaga se extendió sobre los más ancianos, sus vidas carecían de valor y por eso se les dejaba morir. Quienes lo propiciaron y consintieron, llorarán sangre durante el resto de sus días. Una invasión de nostálgicos llenó las calles exigiendo libertad. El orden se trastocó. Los más conservadores fueron los más rebeldes. Los amantes de la disciplina animaban a desobedecer.

El diablo se hacía presente por doquier y había que conjurarlo con gel hidroalcohólico. Los mercaderes lloraban su desdicha porque nadie compraba sus mercaderías. Se extendió el mal de la cabaña, el del teletrabajo, el del ERTE, y la ramera de Babilonia intentó colocarnos un chip disfrazado de vacuna.

Cuando el ángel tocó la tercera trompeta, se pudo cambiar de provincia; la tercera parte de las consumiciones eran de cerveza, los bares ofrecieron de beber a millones de sedientos y los más pequeños continuaron sin escuela. Otro ángel había descendido del cielo con gran poder y la tierra fue alumbrada con su sabiduría; su voz decía: quedaos en casa o recibiréis una parte de la plaga. Apareció blasfemando un anticristo de color naranja, que adquirió con fantástica rapidez el saber de todas las ciencias, anunció que haría portentos y se hizo fotografiar con una Biblia en la mano.

Mucha gente seguirá muriendo. El caballo amarillo galopa desbocado, tiene potestad para matar con hambre, con desempleo y con injusticia. El periodo de la tribulación será largo, porque Satanás nos quiere confundidos, ignorantes y temerosos del futuro.

«El que lee, entienda».

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