Fernando Simón


Le conocí cuando estalló la pandemia. Fernando Simón ha salido cada día por la tele en horario de máxima audiencia, salvo los días de cuarentena que tuvo que pasar aislado. Tiene una voz suave y cascada, unos ademanes comedidos, pelo rebelde, una actitud prudente y un temple tranquilo. Soporta la presión mediática, la presión política y la presión que le echen, sin inmutarse.

Para dirigir el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad hace falta ser un sabio de primer orden, como él. Otro cualquiera en su caso se daría ínfulas, pero Fernando Simón no va de nada, es una eminencia en lo suyo, con eso basta. Comunica bien. Deja las cosas claras. Transmite sinceridad, empatía, preocupación y estas cualidades, en los tiempos que vuelan, no son algo habitual. No hay más que mirar a nuestros políticos.

Fernando Simón aparece en sus intervenciones televisivas rodeado de señores de uniforme, cargados de medallas y distinciones. Él, que como científico de primerísima fila debe tener títulos para empapelar el Palacio Real, viste ropa casual y explica las cosas para que se entiendan, con rigor, con infinita paciencia, calmando los ánimos y sin meterse con nadie, hecho insólito en este país. Gracias a Simón le estamos pillando el gusto a la ciencia, confiamos en ella y esperamos que desde ahora las instituciones le concedan las ayudas necesarias para seguir progresando. Cuando esto pase, habrá que agradecerle su trabajo y su dedicación. Opino que no sería de su agrado un homenaje o un monumento, no es su estilo. Quizás unos aplausos más que merecidos.


Comentarios