No tenemos motivos de queja



Entre asqueados y preocupados escuchamos a nuestros representantes en el Congreso. Esos políticos que en cada sesión dejan patente su ineptitud y venalidad. Esos líderes, caterva de lumbreras, expertos en puñaladas traperas, que ahora andan encenagados a causa del coronavirus. Pero lo que tenemos aquí no es peor que lo que tienen en otros sitios: Boris Johnson, Jair Bolsonaro, Viktor Orban o el inefable Donald Trump, pongamos por caso.

Desde negar la existencia del virus, hasta inyectarse desinfectante para combatirlo. Desde encarcelar a quienes cuestionan las actuaciones de su gobierno, hasta impulsar los abrazos en la lucha contra el Covid-19 o protegerse de él con un trébol. Ya no se sabe si estos líderes bordean la demencia o pecan en una bochornosa mala fe.

Por eso, comparada con otros países, España es un paraíso; en plena decadencia, pero todavía habitable. Y Pedro Sánchez, comparado con otros personajes que rigen las mayores potencias, es un mirlo blanco. Sin ir más lejos, en Italia tenemos el triste recuerdo de Silvio Berlusconi, alias Il Cavalieri, cínico, machista, fascista, que aseguraba ser el Jesucristo de la política y que daba como razón de peso para invertir en su país que tenían bellísimas secretarias.

Ante semejantes clowns, lo de aquí, sin ser ni medio bueno, gana mucho.

Comentarios