Misterios desvelados



Quizás no recordemos el nombre del autor, pero todos conocemos a la joven de la perla. Esa muchacha que mira por encima de su hombro con unos ojos acuosos y cuyo rostro transmite misterio. Poco sabemos de esa adolescente tocada con un exótico turbante, protagonista absoluta de la obra más famosa de Johannes Vermeer y que atrapa la atención de quien la contempla.

Tampoco se sabe apenas del pintor y la información que tenemos de él proviene del economista e historiador del arte John Michael Montias, que para reconstruir una biografía aproximada tradujo más de 454 disposiciones legales procedentes de los archivos municipales de Delft, ciudad en la que Vermeer nació y trabajó toda su vida, y de otras 17 ciudades holandesas.

Se vincula a Vermeer con los talleres de Abraham Bloemaert, Leonaert Bramer y Karel Fabritius y fue mencionado por primera vez como Meester-schilder (maestro pintor) en 1654. En cuanto a su técnica pictórica, solo hay especulaciones, siguen siendo una incógnita.

Entre el 26 de febrero y el 12 de marzo de 2018, los expertos del museo Mauritshuis de La Haya, liderados por Abbie Vandivere, analizaron minuciosamente el cuadro. Lograron esclarecer detalles sobre el soporte, los materiales, los pigmentos, la técnica para conseguir sus efectos ópticos e incluso la firma del pintor, apenas perceptible  en la esquina superior izquierda y detectada por los rayos X.

Los descubrimientos más relevantes se refieren a la perla. Con unas pinceladas de blanco de plomo y exagerando el tamaño del pendiente, Vermeer consigue que la perla parezca que flota en el espacio. Es un logro propio de un experto en el manejo de la luz y sus reflejos, las transiciones hacia las sombras y la sensación de tridimensionalidad.

El examen microscópico ha descubierto unas delicadas pestañas en los ojos de la joven y diversos desplazamientos de los contornos del rostro, la posición de la oreja, el cuello y la parte posterior del pañuelo. La técnica del pincel es suave: no hay una línea que defina el perfil de la parte izquierda de la nariz, limitado por el color y el tono de la mejilla; la parte derecha y las fosas nasales se desvanecen. Los difuminados impiden una lectura clara de la expresión: ¿sonríe, está preocupada, triste? ¿Mira al público o al pintor?

El pasado 28 de abril se hizo otro descubrimiento relacionado con el fondo del lienzo. Durante trescientos años largos se ha supuesto que el fondo era un recurso para situar a la mujer fuera de un contexto, ahora se sabe que en realidad es una cortina verde, casi translúcida, deteriorada por el paso del tiempo y las alteraciones químicas de los pigmentos: una mezcla de índigo (azul intenso) y soldadura, amarillo obtenido de la planta conocida como el cohete de Dyer. Cabe destacar la gran calidad de los pigmentos. El azul ultramar se ha obtenido de lapislázuli, procedente de Afganistán. Aún no se ha averiguado la técnica usada en la elaboración de los tonos, pero los conservadores del Mauritshuis siguen trabajando.


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