Tras la pandemia todos seremos autónomos


Los vemos pasar acelerados a nuestro lado, van en bici y cargan en su espalda una gran mochila térmica. Trabajan para Glovo, DeliverooUber, sin salario base, sin vacaciones, sin bajas laborales, sin vestuario, sin derechos. Las empresas se despreocupan de sus empleados, no quieren compromisos ni problemas, todo son ventajas. El ahorro en salarios, vacaciones, bajas, seguros y problemas justifica el vínculo con estos trabajadores autónomos.

El final de la pandemia por el COVID-19 cambiará las relaciones entre empresas y trabajadores, que pasarán a ser, en su mayoría, autónomos. No lo serán por libre elección, sino por imperativos del mercado.

Disfrazados de «emprendedores», estos pioneros de la nueva esclavitud, cobran unos 4€ por pedido, de esto hay que descontar: la cuota mensual de autónomo, los impuestos, la gestoría, el mantenimiento de su bici… Trabajan a merced de la demanda, que es fluctuante, y se responsabilizan de las quejas de los clientes. No tienen horario, cuanto más tiempo estén disponibles, mayor será la probabilidad de atender un pedido, así que reparten veinticinco horas al día, todos los días de la semana.

Durante la crisis de 2008 intentaron vendernos la moto de que había que ser emprendedor, es decir, el Estado se desentendía de ti y de tus necesidades básicas y habías de ser tú quien se buscase la vida. Nos tentaban con la idea de ser libre, de trabajar sin un jefe, con un horario a conveniencia, el sueldo te lo ponías tú. Todo eran ventajas. Pero cuando algo parece demasiado bonito para ser verdad es porque es falso, y emprendedor se convirtió rápidamente en sinónimo de esclavo, de autoexplotado.

El Covid-19 ha traído una nueva realidad. El suelo se mueve bajo nuestros pies tras esta tremenda sacudida económica que mantendrá a los mercados financieros temblando durante una buena temporada. El nuevo orden que viene exige flexibilidad, habrá que ajustarse a la demanda, a los salarios a la baja y ser autónomo será la nueva exigencia para poder trabajar. Habrá actividades que requieran especialización y un grado de conocimiento en la materia, en estas profesiones se podrán negociar los precios, pero ¿y en las que no requieren cualificación? Es el caso de los «riders», a los que se les paga un tanto por pedido, sin que importen la distancia a recorrer o el tiempo invertido, y que tienen que trabajar todo el día para hacer frente a los costes fijos y obtener algún mísero beneficio.

¿Cómo se ha llegado a esta nueva esclavitud? Las empresas intentan reducir costes, los trabajadores tienen que comer y pagar facturas, el Ministerio de Trabajo ha establecido unas rígidas cuotas de autónomos, los clientes están encantados de que les sirvan a domicilio. Es la tormenta perfecta y se empieza a desatar ahora mismo.

Viñeta de JR Mora



Comentarios