Repugnante


Me parece miserable y repugnante la instrumentalización de la crisis que hace la derecha para desacreditar la gestión del Gobierno frente a la pandemia.

Madrid, gobernada por el PP, es una de las zonas del mundo donde la COVID-19 se ha ensañado, es la autonomía con más casos y muertes de España, incluyendo la de más fallecimientos registrados entre ancianos en las residencias. Pero Pablo Casado acusa al Gobierno de mentir sobre las cifras reales de contagiados y fallecidos por la epidemia, cuando son unos datos que aportan las propias autonomías. Recordemos que Madrid también tiene las competencias sobre las residencias de ancianos públicas y privadas.

El 5 de marzo, las autoridades internacionales advirtieron de la gravedad de la epidemia, sin embargo, la Comunidad de Madrid pidió por carta a los funcionarios públicos que continuasen su actividad con total normalidad. Asimismo, la presidenta de la comunidad, Isabel Díaz Ayuso, aseguró el 26 de febrero que lo peligroso «es el miedo más que el propio virus» además de «que lo que deja como secuelas son síntomas menos que los de la gripe». Además, el Colegio Oficial de Médicos de Madrid ha denunciado en una nota de prensa la gestión de contención de la pandemia de coronavirus diseñada por la Comunidad de Madrid presidida por Ayuso.

No importan los hechos, que desmienten al líder del PP, el 9 de abril en el Congreso se atrevió a acusar al Gobierno de «negligencia»: «Cada retraso, mentira o error cuesta vidas». Claro que peor aún fue lo de Vox, que llamó al Gobierno «criminal». No soy quién para evaluar la gestión del coronavirus, seguro que se han cometido muchos errores, se tomaron decisiones tarde, hubo cierta improvisación, pero no veo que en otros países lo hayan hecho mucho mejor. Para saber tanto sobre el coronavirus, ni el PP ni Vox llevaron al Congreso ninguna iniciativa para controlarlo. Es más, el 11 de marzo Ayuso estaba en contra de cerrar Madrid por las consecuencias económicas que esta decisión tendría. Y en la misma fecha, en Andalucía, su presidente Juanma Moreno se negaba a suspender la Semana Santa.

La postura de Vox es todavía más incalificable si cabe. Manipula fotos de la Gran Vía madrileña; difunde bulos acusando al Gobierno de censurar Whatsapp, que limitará el reenvío de mensajes a un solo destinatario; se inventa entrevistas… para después pedir la dimisión de Pedro Sánchez y exigir un gobierno de concentración nacional, animando al ejército a dar el paso; es decir, alentando al ejército a dar un golpe de estado. A sus líderes les gustaría ver ataúdes por todas partes, fosas comunes cubiertas con cal, querrían que Radio Televisión Española mostrase la deshumanización de la muerte. En vez de eso, RTVE se dedica a ocultar la gran desgracia que está sufriendo España, vulnera el principio de neutralidad política y, para colmo, emite programas de humor en lugar de marchas militares.

Desde lejos, la situación se ve de otra manera y la Organización Mundial de la Salud opina que «España está haciendo un trabajo fantástico». Quizás habría que matizar este piropo y añadir que se están haciendo las cosas lo que mejor se puede, teniendo en cuenta los hachazos que dio, curiosamente el PP, a la sanidad pública y a la investigación científica. Ahora no tendríamos que importar algo tan básico como mascarillas.

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