Lo que está por venir



Las perspectivas de Bruselas contrastan con las intenciones de un Gobierno progresista que ha manifestado en reiteradas ocasiones que esta crisis no dejará a nadie atrás. Las medidas planteadas hasta ahora, de préstamos y avales para aliviar la situación a las empresas, están gestionadas por la banca y exigen unos trámites burocráticos y unas condiciones específicas que conllevan muchas dificultades para que el dinero llegue a una economía real diversa y en una situación de máxima precariedad. El evidente alejamiento de la realidad constituye, de facto, una proximidad con las grandes empresas, que disponen de muchos más recursos y conocimientos para lograr este tipo de financiación.

Las élites de siempre no ven más allá de su ombligo, adolecen de una diversidad ideológica imprescindible y están fuertemente cohesionadas. La economía no se decide en las urnas, no cambia con los votos ciudadanos. España va a necesitar de una ingente cantidad de dinero para ofrecer una cobertura social adecuada a la realidad que dejará el coronavirus. Hace ocho años, Angela Merkel ya dijo que mientras ella viva no habrá eurobonos. Si no nos mata la COVID-19, lo hará su impacto en nuestra economía. En Bruselas, la compasión y la solidaridad, sencillamente, no existen.

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