La crisis que viene



Según datos de la ONU, dos tercios de la población mundial viven en países pobres. Según la Organización Internacional del Trabajo, de 2.000 millones de trabajadores, más de la mitad están desempleados. 

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo calcula las pérdidas en ingresos de los países en más de 220.000 millones de dólares. Más de la mitad de la población mundial no tiene ningún tipo de protección social, y semejantes pérdidas repercutirán en la educación, en la alimentación, en la salud y en los derechos humanos básicos.

Resulta obvio que los países en desarrollo necesitan con urgencia liquidez para afrontar sus deudas nacionales y quizás proceda una condonación de las mismas que permita la recuperación sanitaria y la asistencia a la población.

Las brutales y casi criminales sanciones que sufren algunos países, en concreto los que pertenecen al «eje del mal» por una u otra razón, incrementan los riesgos para todos. Si Venezuela, Irán o Corea del Norte no pueden destinar recursos para cuidar la salud de sus ciudadanos, se extenderá el sufrimiento y los contagios.

Como siempre, serán los más débiles quienes paguen las consecuencias de la nueva crisis que viene.

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