Dame veneno



Durante estos días de pandemia, Donald Trump ha tenido tiempo de hacerse experto. Ha leído: Hágase virólogo en 5 sencillos pasos y ha escrito sus tesis, que se publicarán en el próximo número (imaginario) de la revista Science. Inyecciones de desinfectante o meter luz solar dentro del cuerpo, y problema resuelto. Adiós a la COVID-19 en un minuto. ¿Cómo no se nos había ocurrido antes? Si es de cajón, oiga. Si el desinfectante noquea al virus cuando entra en contacto con las manos, cuando esté dentro del organismo humano y transportado por la sangre a todos los rincones, te deja como los chorros del oro, más limpio que una patena, más guapo que un san Luis.

Mientras Trump exponía ante el mundo el fin de la plaga, la cara de Bill Bryan, director de la División de Tecnología y Ciencia del Departamento de Seguridad Nacional, era todo un poema. Al pobre hombre le estaban entrando los estertores de una muerte súbita por vergüenza ajena. Se tocaba la frente intentando detener la cascada de sudor frío que se precipitaba por su cara. Respiraba con ahogo en pleno ataque de ansiedad.

Tras liarla parda, Donald Trump, le dijo al mundo que somos mu’ tontos, que nos lo creemos todo, que estaba hablando «sarcásticamente». ¿Cómo pudimos pensar que lo decía en serio? Así que era broma. Y en España que nos habíamos emocionado… Somos fabricantes de lejía, no habría que importarla, y lo que nos sobra es sol. Seríamos el sanatorio de la humanidad. Pero nuestro gozo en un pozo.

No es la primera vez que el presidente de Estados Unidos suelta alguna parida gorda. Hay que reconocerle el mérito de irse superando poco a poco. El hombre le pone empeño y lo consigue. Vale que no sepas qué es una célula y no tengas ni pajolera idea sobre virus, vale que seas un negacionista de la verdad y no veas la evidencia de un planeta que se va a la porra, pero cuando presides un país como Estados Unidos, cuando tienes en tu despacho el maletín nuclear y la responsabilidad sobre millones de vidas, la cosa cambia. La cosa cambia porque un día después de soltarla, hubo estadounidenses tentados de injerir detergente o lejía contra el coronavirus siguiendo las indicaciones de su líder.

Está claro que a míster Trump le está desbordando la situación y ya no sabe ni lo que dice. Está previsto que las elecciones presidenciales norteamericanas de 2020 se celebren el martes 3 de noviembre, y el coronavirus se ha cruzado en sus planes de continuar en la Casa Blanca con sus chirigotas. Trump se enfrenta a una emergencia sanitaria masiva y solo ofrece ideas estrafalarias como solución. Ciudadanos y ciudadanas de los USA, piénsenlo antes votar. No tengan que arrepentirse luego y decir aquello que decían Los Chunguitos: dame veneno que quiero morir… que prefiero la muerte que vivir contigo.

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