Somos la hostia


Personas cargadas de comida para un año o con papel higiénico que no consumirán ni teniendo disentería toda la familia, chavales felices porque, al no haber clase, se irán de cañas con los colegas, terrazas atestadas, gente de «vacaciones» en la playa o en la montaña, haciendo running, celebrando fiestas… Ha tenido que salir el Ejército a la calle para que nos lo tomemos en serio, porque los españoles tenemos un gen anarquista que nos puede: ni dios, ni amo, ni recomendaciones sanitarias, ni sentido común. Aquí nos gusta ir a nuestra bola.

Desde hace más de un mes recibimos consignas para evitar lo que ha pasado, que nos contagiemos. La información está en todas partes, pero si no hacemos caso, da igual. La desinformación está en todas partes en forma de bulos, falsedades, rumores… Aquí sí reaccionamos rápido para difundir entre nuestros contactos en redes.

Noventa y siete vídeos, a cual más chorra, me han enviado en dos días. Muchos de ellos repetidos. Respecto a los mensajes, he perdido la cuenta de memes y memeces. Por favor, ¿no tenemos nada mejor que hacer? Nos quejamos de falta de tiempo, de que no nos da la vida. Ahora tenemos de tiempo de sobra y lo malgastamos en gilipolleces.

La Organización Mundial de la Salud, el Ministerio de Sanidad y los Gobiernos de las Comunidades Autónomas dan directrices y aportan suficiente información veraz sobre la pandemia por coronavirus, pero no, le hacemos más caso al tuit que publica un desconocido, a una noticia falsa o a un vídeo trucado.

España es el país con más listos por metro cuadrado del mundo interestelar, por eso criticamos todo: si hacen porque hacen, si no hacen porque deberían hacer. Siempre es el otro el que se equivoca, me van a decir a mí…

Tampoco nos piden tanto: no hay que matar a tu hijo primogénito, ni donar un riñón, solo hay que quedarse en casa y ser rigurosos con la higiene. ¿Seremos capaces de hacerlo?



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