Es la hora


Antes de que la peste del coronavirus llegase a nuestras vidas, no sabíamos de qué éramos capaces. Antes, el mal, el peligro, estaba fuera, eran los demás, los inmigrantes, los negros, los pobres... Ahora el enemigo está en casa, es de nuestra familia, es como nosotros, es uno de los nuestros.

De repente la realidad nos ha dado un puñetazo en la cara. Da igual si vives en el primer mundo, en el segundo o en el tercero. El virus es democrático y no discrimina a nadie. El riesgo es para todos. Pero especialmente es duro para nosotros, habitantes de la vieja Europa, acostumbrados a tenerlo todo, y a no tener nada en realidad. Eso lo estamos descubriendo estos días, cuando el virus salta sobre las fronteras, muros y alambradas y llega a todas partes.

Estos días, estamos encontrando en nuestro interior una brizna de solidaridad, tejemos redes para no quedarnos solos ante el desastre inmenso que nos amenaza, nos apoyamos, hacemos favores, nos consolamos, nos animamos para vencer la ansiedad.

Estos días, estamos viendo la cara oculta de algunos; de esos que vaciaron las tiendas para llenar sus neveras; de quienes no respetan las indicaciones y entran y salen de casa cada día para comprar una barra de pan, pasear o visitar a un amigo.

Hoy que la maquinaria del capitalismo se ralentiza, hoy que la economía se paraliza, hoy que las bolsas caen y nos arrastran al inframundo, hoy, más que nunca, es hora de aprovechar la coyuntura para crecer por encima de nuestros miedos y cambiar el mundo que tenemos por otro menos inhóspito.

Comentarios

Toy folloso ha dicho que…
Casi no viene a cuento, pero el enunciado me ha hecho recordar esa disculpa que tenemos a mano los que siempre llegamos justísimo a todas partes: Un par de minutos antes de la hora, NO ES la hora....