Dónde está ahora Europa



El 26 de marzo, tras más de seis horas de videoconferencia entre Jefes de Estado y de Gobierno de la UE, la reunión se cerró sin ningún acuerdo y con el compromiso de celebrar otra pasados quince días. Qué inmensa derrota para el proyecto europeo. Nos enfrentamos a una crisis sanitaria, social, política y económica cuyo precedente más cercano es la Segunda Guerra Mundial y nuestros líderes políticos son incapaces de llegar a un acuerdo. La conclusión evidente es que hay dos Europas: la rica y la pobre. La primera antepone sus libertades comerciales, la circulación de capitales, mercancías, servicios y trabajadores por encima de la de sus ciudadanos. Esta Europa cumple las normas que ella misma ha establecido y fija el precio de su ayuda. Esto es, un 3 % de déficit sobre el PIB y una deuda del 60 % sobre el mismo valor. Es el contrato que se firmó con Mefistófeles en su momento y ya sabemos cómo se las gasta, no acepta otras condiciones.

Respecto a la crisis provocada por el coronavirus, la segunda Europa, compuesta en este caso por Francia, Italia, Portugal y España necesita con urgencia un paquete de ayudas para no fenecer por el camino. Por cierto, el presidente portugués, António Costa, ha retratado perfectamente a la primera Europa: «repugnante, repulsiva, y sin sentido».

En 2008 ya recibimos la visita de los hombres de negro por haber superado el déficit estipulado, se intervino nuestra economía, la prima de riesgo subió a la estratosfera y el estado del bienestar se esfumó ante nuestras narices. Empezaron a nacer los primeros euroescépticos y la desafección por un proyecto que dejaba a los ciudadanos con el culo al aire cuando más apoyo necesitaban. Dudo que ahora estemos dispuestos a pasar otra vez por lo mismo.

La ultraderecha ha entrado en el Gobierno de la Europa rica y no consentirá que mientras le vaya bien se ayude a la Europa pobre. Ahora, a los euroescépticos del Norte de Europa se sumarán los euroescépticos del Sur, porque ya nadie va a creer en un Gobierno de Bruselas falto de estrategias o de una visión de futuro en sus decisiones. La Unión Europea ha dejado de ser útil si no soluciona los problemas de sus ciudadanos. La Unión Europea puede hacerse añicos si convierte en víctima a la Europa pobre. Quince días fue el plazo.

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