Aislados y entretenidos


El aislamiento al que estamos sometidos por recomendación sanitaria, me ha hecho recordar a un personaje por el que siento especial simpatía: el Tarlà.

El Tarlà es una figura emblemática y muy querida en Girona. En la actualidad es un muñeco de madera, relleno de serrín y vestido con ropa de juglar, que cuelga de una barra situada de lado a lado de la calle Argenteria. Se coloca durante las fiestas de primavera de la Rambla, a finales de abril, por sant Jordi.

Existe una leyenda muy hermosa alrededor de este personaje: Durante una terrible epidemia de peste que asoló la ciudad, el brote se manifestó en la calle Argenteria, que debe su nombre a los plateros y joyeros que se ubicaban en la zona. Para evitar contagios con el resto de la ciudad, la calle se cerró por ambos extremos con una valla de cañas y se puso en cuarentena a sus vecinos. También se cerraron con cañas las puertas y las ventanas de las casas, pues existía la creencia de que podían detener el avance de la peste.

Durante los días de encierro, las horas se hacían eternas, así que para combatir el aburrimiento, un personaje, denominado popularmente Tarlà, hacía cabriolas y acrobacias para entretener a la gente que debía estar confinada en sus hogares. Este personaje se ganó el cariño popular y en su memoria se construyó el muñeco que lo recuerda.

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