Futuro impredecible



El miércoles pasado, el Senado de Estados Unidos absolvía a Donald Trump de los cargos de abuso de poder y obstrucción al Congreso. La votación cierra el proceso de impeachment contra el presidente, que estaba acusado de presionar a Ucrania y congelar una ayuda económica de 390 millones de dólares para forzar al Gobierno a emprender una investigación por corrupción contra su rival político, el demócrata Joe Biden. 

Trump está destruyendo normas básicas. La política y la economía tienen unas reglas: las leyes se cumplen y existe la separación de poderes. Ha llevado muchos años crear instituciones que den estabilidad a la sociedad, voz a la ciudadanía y eficiencia a la economía. Trump no es un intelectual precisamente, su egolatría le impide trabajar con asesores, y los que ha tenido y eran buenos en lo suyo se han despedido o los ha despedido. El presidente proviene del sector inmobiliario y se ha distinguido por sus bancarrotas, por aprovecharse de sus trabajadores, de sus proveedores y de sus clientes. Los bancos estadounidenses no se fiaban de él y por eso tuvo que recurrir a los rusos. Necesita gente con valores, sentido común y creatividad para desarrollar proyectos de progreso para el país, pero su personalidad narcisista le impide trabajar en equipo y aceptar recomendaciones.

Cuando presentó su candidatura a la presidencia del país, Trump no engañó a nadie, se mostró tal cual es y prometió hacer lo que está haciendo. Lo malo no es esto. Lo peor es que nadie le para los pies, ni siquiera logra controlarlo su partido. Mientras otros líderes mundiales persiguen la cohesión y el entendimiento, Trump va a su bola, no entiende de democracia, lleva al extremo el populismo y divide a los estadounidenses. Por no hablar de sus cuestionables gestos: el martes, sin ir más lejos, concedía la Medalla Presidencial de la Libertad al locutor ultraconservador Rush Limbaugh, por «todo lo que ha hecho por Estados Unidos», afirmar que los inmigrantes son especies invasoras y referirse al aborto como el holocausto moderno, entre otras cosas.

En el Congreso se le ha acusado a Trump de graves delitos, debería ser destituido, pero los suyos han considerado que no sería un juicio justo y le han absuelto sin siquiera conocer las nuevas pruebas que hay en su contra. ¿Se presentará a la reelección? Seguro. Ahora está crecido. Aunque es posible un repunte del partido demócrata y que algunos ciudadanos caigan en la cuenta de las promesas incumplidas: no se ha aprobado la prohibición «total y completa» que debía impedir que musulmanes entrasen en Estados Unidos, el famoso muro en la frontera con México no avanza al ritmo previsto, no se ha deportado a los más de 11 millones de inmigrantes indocumentados, no se han creado los millones de puestos de trabajo prometidos, la OTAN ya no está tan obsoleta…

El martes 3 de noviembre de 2020 se celebrarán las elecciones presidenciales y saldremos de dudas.

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