El pasado presente



En un artículo publicado en la web de Eduardo Inda, Ok diario, se acusa a Irene Montero de «ocultar en su currículum oficial que trabajó en una cadena de electrodomésticos». Han pretendido buscarle las cosquillas por no haber incluido en su currículo que fue cajera. La noticia destila mala baba al hacer hincapié en que la ministra de Igualdad carece de experiencia laboral y que está donde está por ser la «pareja de» y no por mérito propio. El machismo nunca es un buen argumento. Porque hay otros políticos, Pablo Casado, sin ir más lejos, que ni siquiera tiene experiencia laboral; antes de entrar en política hizo dos meses de prácticas en una filial suiza del Banco de Santander, y lo eliminó de su currículo porque desde que salió a relucir la caja B del PP, parecía más una mancha que una actividad de la que presumir. Además, para sacar pecho, el líder de la oposición ya infló bastante su expediente académico.

El pasado de cada cual ni es motivo de orgullo ni un desdoro. Nadie elige dónde nace ni la clase social a la que pertenece su familia. Claro está que influye e imprime carácter, pero los orígenes no son determinantes, son los que son, nada más.


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