Un hotel emblemático

Fachada del hotel a finales del siglo XIX

Ubicado en un lugar estratégico, entre el museo del Louvre, el Palais Royal y el Théâtre de la Comédie, el Hôtel du Louvre vuelve a la vida tras dos años sometido a obras de restauración. El edificio conserva intacto su aspecto exterior: estilo Imperio, de 1855, fecha de una de las Exposiciones Universales que acogió la capital francesa. Se construyó entonces siguiendo las indicaciones y la prisa que imponía el emperador Napoleón III, y nació para convertirse en el primer gran hotel de la ciudad, en el París del barón Haussmann, mientras se configuraban las grandes avenidas, los señoriales e inmensos espacios que han hecho de París una de las ciudades más bellas del mundo.

El hotel ha alojado a huéspedes ilustres: Sigmund Freud, que en 1910, en una de sus suites escribió Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci, biografía psicosexual; Camille Pisarro, que pintó más de una decena de cuadros en su habitación; o escritores como Honoré de Balzac, Victor Hugo, Julio Verne, Émile Zola… Sus estancias fueron también el escenario donde transcurrieron pasajes de los libros de Conan Doyle, protagonizados por Sherlock Holmes, una placa en la entrada lo recuerda. Gracias al banquete caritativo celebrado en sus salones, organizado por el escultor Frédéric-Auguste Bartholdi en 1875, se pudo financiar la Estatua de la Libertad que Francia donó a los Estados Unidos.

Las reformas en el interior del Hôtel du Louvre han hecho que gane en luminosidad con unos suelos de mármol. El bar, antes decorado en tonos oscuros, descubre su acristalada cúpula y se inunda de luz diurna, manteniendo sus motivos neoclásicos. Ahora se llama L’Officine du Louvre, y sirve cócteles, con o sin alcohol, con nombres como Bergamoiselle, Réglissieuse, Aléguante o Champelier.

El Hôtel du Louvre es un cinco estrellas que anuncia habitaciones desde 290 euros. Un lugar para disfrutar, si uno se lo puede permitir. Porque como dijeron, creo que Le Luthiers, la buena vida es cara, la hay más barata, pero no es vida.



L'Officine du Louvre, el bar del hotel


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