Moria



Querían escapar de la guerra, de las balas, de los atentados, de la destrucción… y tener un futuro. Pero llegaron a Grecia y han encontrado rejas, alambradas, basura, peleas, violaciones, suicidios, interminables colas para acceder a un plato de comida. Esto es Moria, un infierno ubicado en la isla de Lesbos, unas instalaciones militares preparadas para albergar temporalmente a 3.000 soldados, que acoge a cerca de 18.000 refugiados. Y siguen llegando.

El Gobierno griego anuncia su cierre. Quiere construir varios Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE), que sustituyan las penosas instalaciones utilizadas ahora. El objetivo es restringir y controlar los movimientos de las personas que solicitan asilo.

Lesbos es una pequeña isla en el Egeo, tiene una población que ronda las 80.000 personas y vive principalmente del turismo. Ahora, en la isla, la población autóctona convive con los turistas, los refugiados y los voluntarios. La tensión crece con cada patera que llega. Algunos refugiados duermen al raso, no hay tiendas para todos. El frío del invierno agrava la situación, la insalubridad, la desesperación, las riñas, el pánico.

Los fondos que UE destina Turquía para que contenga el flujo migratorio de sirios, afganos o iraquíes consiguen que las autoridades turcas regulen el flujo migratorio según les convenga. La idea es crear una situación límite, que no llegue más gente.

Moria es un campo de concentración, una cárcel, una vergüenza.

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