Más que una bandera



Roger Torrent y Quim Torra, sus caras en el Parlament lo decían todo. Quim Torra ya no es diputado del Parlament de Catalunya, y a su grupo, Junts per Catalunya, no le ha quedado otra que aceptarlo, pues la Mesa del Parlament ha rechazado apoyar la propuesta de revalidar la condición de Torra como diputado. Desde ahora, el president no tiene escaño y tampoco podrá votar. Maria Senserrich será quien le sustituya.

Queda pendiente la decisión del Tribunal Supremo. De dictarse una condena firme, el president dejaría de serlo. El Estatut de Catalunya establece que el presidente debe ser elegido entre los diputados, pero no que debe seguir siéndolo para continuar en el cargo. Pese a ello, la Ley de Presidencia de la Generalitat estipula que este será cesado del cargo si tiene una «condena penal firme que comporte la inhabilitación para el ejercicio de cargos públicos».

Tras conocerse la retirada de la condición de diputado a Torra, el presidente de ERC en el Parlament, Sergi Sabrià, aseguraba que «si se apuesta por la desobediencia estéril, se mantendrá uno o dos plenos, pero le haremos el juego al Estado». De esta manera, pedía desde su partido la aceptación de esta decisión. 

El embrollo jurídico-judicial-legal que se ha creado va adquiriendo unas dimensiones considerables y la bola de nieve no para de crecer. Gobierno, Govern, jueces, tribunales españoles, tribunales europeos, tribunales catalanes, secesionistas, independentistas, soberanistas, constitucionalistas, españolistas, inmunes, impunes y todo tipo de yerbas opinadoras retratan la esencia de nuestra condición. Nos pueden las emociones: indignación, rabia, asco, hastío, esperanza e ilusión en una sociedad libre. Porque a estas alturas ya no sabemos dónde reside la soberanía nacional ni para qué votamos.

La oposición está en pie de guerra: «Si Torra no cesa de su cargo en las próximas horas...» y se ha atrevido a desafiar al Gobierno en el Congreso. España sigue como siempre, dividida. Mientras unos españoles intentan revivir los derechos humanos, el respeto, el diálogo, la igualdad y el progreso; otros intentan hacernos recular hasta Altamira, amenazando con un apocalipsis rojo.

España es mucho más que una bandera.

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