Hopper


Nighthawks
Quizá hayamos olvidado el nombre del artista, pero reconocemos enseguida la obra, esos escenarios intimistas, que provocan emociones y nos convierten en improvisados voyeurs. Edward Hopper insinúa historias en su pintura, los personajes miran, pero no nos dan ninguna pista sobre ellos. El tiempo se ha detenido en esa fracción de segundo que vemos y estamos obligados a imaginar el resto, el antes y el después de esa escena. Aproximarse a un cuadro de Hopper es fácil, la realidad entra con fuerza por los ojos, lo difícil es salir indemne de esa luz, blanco de plomo, presente en todos sus lienzos de día, que ilumina una realidad cotidiana y, sin embargo, distinta. La luz marca diferencias. Nueva York asoma bajo el sol o iluminado de esa forma especial que solo Hopper sabe trasladar al lienzo. Sus obras son instantes congelados, momentos de soledad, grandes planos cortados, silencio, paisajes que componen su universo creativo.

Habitación en Nueva York


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