Entronizando al emperador



En el mes de abril, un día después de la abdicación de Akihito, se iniciaron los actos de la entronización del nuevo emperador de Japón: Naruhito. Las casas reales acudieron al país nipón para presenciar los fastos del acontecimiento, que se desarrollaron según el rito tradicional conocido como Daijō-sai

Los agasajos se celebran en una exclusiva ceremonia pública y con un ritual privado en el que los emperadores Naruhito y Masako, ceden protagonismo a la diosa sol Amaterasu, que es la madre de todos los emperadores nipones desde el año 660. En la ceremonia, celebrada el jueves 14 de noviembre, Naruhito, vestido con una prenda de seda blanca, entró en comunión con lo divino; para ello tuvo que comer un arroz especial con la diosa y pasar la noche con ella en una cabaña. En otras épocas, el emperador mantenía relaciones íntimas con Amaterasu, acompañado por dos doncellas. Únicamente el emperador puede acceder a las estancias que guardan el arroz sagrado, sake bendecido y otras ofrendas para la divinidad.

Algunos japoneses han criticado el despilfarro que supone una ceremonia que ha costado 22,5 millones de euros, pagados con dinero del erario público.

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