Una gratuidad cara



¿Se acuerdan de las manifestaciones que hizo el exministro de economía De Guindos refiriéndose al rescate bancario?: «No tendrá coste para los ciudadanos». Pues menos mal que nos iba a salir gratis, porque ahora el Banco de España suma 1.376 millones de euros al coste del rescate al sector financiero español, y la cifra asciende a 65.725 millones de euros al cierre de 2018.

El Estado español, es decir, los ciudadanos, aportamos al sistema financiero 64.098 millones de euros tras recibir el crédito de la Comisión Europea para reestructurar el sistema financiero, más de 1.300 euros por habitante. De esta cantidad, se ha recuperado 5.150 millones mediante la venta de acciones de las entidades nacionalizadas o reembolsos. Para colmo, la carga no se distribuye de forma igualitaria, pues quienes causaron y gestionaron la debacle financiera se van de rositas.

El descomunal plan de salvamento a los bancos privados con dinero público ha dejado a las vistas a quién sirven los gobiernos de turno en nuestro país. Desde el primer momento se nos ocultó la magnitud de la tragedia, se aderezó con mentiras y medias verdades para hacerla menos indigesta y que fuera más fácil de tragar; nos hicieron creer que el sistema financiero español era la leche, el mejor del mundo; se minimizó el problema reduciéndolo a una parte del sector, sin incluir a las cajas de ahorro, que aun siendo entidades bancarias privadas, tenían en su dirección a partidos políticos y organizaciones sindicales y empresariales. Se finiquitó el sistema de cajas de ahorro nacionalizando entidades, privatizándolas luego a toda prisa y a precio de saldo en algunos casos.

Estos chanchullos no deben sorprendernos, ya que los que ocupan cargos relevantes en el Banco Central Europeo o el Banco de España han sido miembros de los consejos de administración de bancos y grandes empresas. Convendría que una Comisión de Investigación interviniera para aclarar esta maraña, pero no existe ningún interés en ello. No interesa que la gente sepa cuánto dinero se ha ido por el sumidero en ayudas para reorganizar el proceso de concentración bancario, ni que la situación de crisis puede volver a repetirse porque no se han resuelto los problemas estructurales de fondo. Tampoco existe un clamor popular, un empeño por averiguar qué ha pasado en realidad. Los ciudadanos nos hemos resignado ante la enésima estafa: preferentes, cláusulas suelo, rescate…, parece que hemos asumido que los paganini de cualquier desastre siempre seremos los mismos.

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