Pesimista



Durante estas semanas de insufrible campaña, muchos hemos desconectado de todas las propuestas grandilocuentes, promesas irrealizables y eslóganes con que nos han bombardeado los partidos políticos. Era una cuestión de salud mental, porque la ciudadanía está harta de una campaña electoral que dura casi 5 años, en los que nadie ha solucionado los problemas cotidianos y acuciantes de la gente.

Egos inflados, personalismo, ideologías apolilladas que no entusiasman a nadie, falta de empatía con el pueblo, partidos devastados por el tiempo y la corrupción, lealtades vendidas a las élites financieras, líderes que buscan perpetuarse en cualquier poltrona y conservar sus privilegios…, han motivado la desconexión. Pese a todo, aun sabiendo que las promesas hechas en campaña no se materializarán, unos cuantos hemos ido a votar, aunque solo sea como muestra de gratitud hacia quienes perdieron la vida o la dedicaron plenamente a conseguir este derecho democrático.

Ahora espero de los políticos que encuentren soluciones: que paren los desahucios, que no sea imposible salir de la situación de parado de larga duración, que los más desfavorecidos reciban ayudas que les permitan subsistir, que no se despilfarren los recursos, que no se meta la mano en la caja de todos, que los jóvenes puedan tener un proyecto de vida, que los jubilados consigan llegar a fin de mes con su pensión, que los multimillonarios paguen los impuestos que les corresponden en nuestro país y no en las islas Caimán, que termine esta crisis que se está haciendo eterna, que se acaben las buenas palabras y los buenos propósitos y se pongan a trabajar.

Pero, qué quieren que les diga. Soy pesimista. No veo voluntad de entendimiento entre nuestros políticos, solo veo ansias de poder y ningún plan para que todas las personas tengan la posibilidad de vivir dignamente, con un trabajo justamente remunerado, una casa, calefacción y comida en la nevera.

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