No tuvo narices



Ayer, la presidenta de la asociación de mujeres Al Amal, Nadia Otmani, una mujer inmigrante que en 1998 quedó atada a una silla de ruedas cuando, al auxiliar a su hermana, varios disparos de su cuñado la alcanzaron, se acercó a un tipo que dice que Franco mandó fusilar, sin odio, con amor, y, gritándole a la cara, le exigió respeto para las mujeres asesinadas. Ortega Smith no tuvo narices para mirarla a los ojos.

Algunos devotos de VOX han llamado a Otmani histérica, otros le piden que se comporte con más educación, alguien se ha asustado porque una mujer, inmigrante, musulmana y en silla de ruedas haya podido acercarse tanto a Ortega Smith como para haberlo asesinado. Enseguida se han puesto a buscar en la basura de Otmani y han encontrado un antecedente penal: fue detenida hace 23 años con su marido, que controlaba un laboratorio de heroína. Si siguen hurgando en el pasado, quizá encuentren que Otmani le quitó un caramelo a una niña en la guardería.

Ortega Smith insiste en que el Pacto de Estado contra la Violencia de Género es un «fracaso» y que es «falso» que «la violencia tenga género». Vox es hijo del miedo que tenemos a los malos, y se postulan para derrotarlos. «España está en peligro», gritan. Si nadie los detiene, llegarán a controlar el Estado, no para salvarlo, sino para vivir a su costa.

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