Menuda papeleta


Gabriel Rufián se encuentra entre dos fuegos, que es la peor situación en la que se puede estar, si se quiere salir con vida del entuerto. Ofreció su apoyo a un pacto entre PSOE y Unidas Podemos, pero ese apoyo tenía fecha de caducidad: septiembre, cuando la sentencia del procés lo cambiaría todo. ERC manifestaba así su predisposición a avalar con su voto un gobierno de progreso entre las izquierdas, sin embargo, este pacto no llegó a culminar, y así ha venido un otoño convulso, con calles ardiendo y tsunamis democráticos exigiendo la independencia de Cataluña.

En estos momentos, Esquerra no puede decir al acuerdo entre Sánchez e Iglesias porque la situación catalana no se lo permite. No puede hablarse de independencia, ni de amnistía a los presos, como quiere ERC, porque la Constitución española no lo permite. Y la investidura como presidente de Pedro Sánchez depende del apoyo de Esquerra.

Rufián debe elegir entre ser un hombre de estado y anteponer los intereses generales de España a los de su partido o unirse a VOX dando un voto negativo al gobierno que se propone. Quién iba a decir hace tan solo unas semanas que el futuro del país estaría en el dedo de Rufián.

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