Diálogo


Me apenan los insultos y el chaparrón que le está cayendo a Joan Tardà por intentar reconducir la situación entre el futuro gobierno de España y el de la Generalitat. El exdiputado de Esquerra Republicana en el Congreso escribía el martes 12 de noviembre un comentado artículo en «El Periódico»: La hora de Esquerra, en el que defiende el patriotismo social de una Catalunya de todos y para todos, que supere el patriotismo identitario de carácter nacionalista. Plantea la conveniencia de crear una mayoría suficiente junto a la izquierda española para encontrar una salida al conflicto territorial.

El discurso, sensato, moderado y conciliador no ha gustado nada en el mundo independentista. Los perros guardianes del procés han sacado los dientes. Mientras fueron útiles, se les alimentó con la idea de una república catalana, para conseguirla, no había que escatimar medios: hogueras en las calles, corte de carreteras y vías férreas, barricadas, desobediencia civil, manifestaciones no del todo pacíficas… Ahora que se ha llegado a un callejón sin salida, los perros muerden la mano que les alimenta.

Tardà admite el error que supuso la ruptura unilateral con el Estado y pide cordura para solventar esta compleja situación. Es de desear que el discurso belicista y los actos que acompañan al independentismo se reconduzcan hacia algo más fructífero que la algarada y el menosprecio a quienes proponen soluciones. «La superación del antagonismo entre los defensores del principio democrático de la autodeterminación y los que no lo reconocen si se asume que cualquier solución deberá partir de la no exclusión de ninguna de las partes y hacer que todos vean integradas sus aspiraciones», no parece un mal comienzo. 

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