Arcoíris



De los resultados del 10N me han quedado claras dos cosas: Teruel existe y VOX, también.
¡Bravo por Teruel! Que le ha echado un par y ha obtenido un escaño desde el que alzar la voz, durante tantos años acallada.

A Santiago Abascal le aclamaron exultantes los suyos; 3,5 millones de ciudadanos han confiado en su partido, que logra 52 escaños.

Mi pésame para Ciudadanos, que ha culminado el suicidio que preparaban desde hace tiempo con unas decisiones absurdas e ilógicas. El cordón sanitario debieron aplicarlo a VOX y no al PSOE, pero han alimentado al monstruo, han tapado sus faltas y han secundado su fervor españolista. Ya están en las instituciones, como tercera fuerza del Estado, y Rivera y los suyos aún se preguntan qué han hecho mal.

Gracias a Torra, a Puigdemont y a los independentistas el patriotismo español ha llegado a cotas inimaginables. Nunca antes en democracia se habían visto tantas banderas de España en los balcones; se ha cantado el Cara al sol, brazo en alto, y se ha recordado al Cid con admiración. ¡Gracias por inocular el sentir español en los corazones!

Sánchez erró el tiro, en la segunda vuelta ha debilitado a Iglesias, pero no logra gobernar en solitario. No calculó el cabreó monumental de los votantes, que, aunque solo sea por tocar las narices, se ha ido a la extrema derecha.

Casado ha llevado al PP de la moderación centrista al extremo, y vuelta. Su partido crece merced a los errores de los contrarios.

El resultado de estas elecciones nos deja un bonito arcoíris de partidos, grupos y grupúsculos imposibles de casar. La cita con las urnas no ha resuelto nada, casi me atrevo a decir que lo complica todo. Los dos principales responsables de que no haya  cuajado el gobierno de izquierdas han recibido el castigo de los electores.

¿Y ahora qué?, nos preguntamos. Sánchez dijo que no dormiría tranquilo con ministros de Podemos en el Gobierno. Ahora todos tenemos insomnio.

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