The wall



No sé a ustedes, pero a mí me sonaban a broma las palabras de Javier Ortega Smith, de Vox, cuando manifestaba en rueda de prensa haber presentado en el Congreso de los Diputados una iniciativa para construir un muro en la frontera de Ceuta y Melilla con la finalidad de parar la «invasión migratoria». Escuchaba los argumentos y no podía evitar sonreír; aunque, poco a poco, me iban pareciendo un mal chiste. El partido de Abascal quiere sustituir las «ineficaces alambradas y concertinas» por una muralla de hormigón como dios manda: gruesa, resistente, bien alta y que impida que nadie la salte.

España no puede ser menos que Estados Unidos, si Donald Trump construye un muro, nosotros también, y mejor. Nada de encargarle el trabajo a Marruecos, que los moros son unos chapuceros, el muro lo levantarán españoles con pedigrí demostrado, y se le exigirá a la Unión Europea «la colaboración económica», que para eso les protegemos de «esa avalancha». Una vez rematado el muro, se desplegará a la Policía Nacional, a la Guardia Civil y al Ejército para que vigilen la frontera «por tierra, mar y aire», convenientemente equipados con material antidisturbios, para lo que, seguro, no se escatimarán medios.

Esta barrera no solo nos protegerá de la gentuza que nos invade, sino de las «enfermedades contagiosas muy graves» que traen y de los terroristas, que pueden ser terroristas y a la vez estar enfermos, por lo que su peligrosidad se duplica. La cuestión es que «no tenemos que admitir que entre uno solo».

Pasada la conmoción inicial, me entraban ganas de llorar.

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