Todos seremos criminales



La ONU habla de «horrores inimaginables». Huyen de la esclavitud, la prisión, la desaparición forzada, la tortura, la persecución, las detenciones arbitrarias, las violaciones y los asesinatos. Dejan atrás un infierno para instalarse en otro.

En el Open Arms, 107 personas continúan hacinadas. Soportan 18 días de bloqueo en alta mar, a 800 metros de Lampedusa, esperan que se autorice su entrada a puerto. Entre tanto, los líderes políticos europeos están de vacaciones, demostrando una vez más su absoluta falta de humanidad, empatía y sentido de la justicia. Su vil pasotismo los retrata y nos ofende. El desprecio del gobierno de Italia, representado por el impresentable vicepresidente y ministro del Interior Matteo Salvini, duele. La deshumanización de Europa, asusta.

Son personas: mujeres y hombres que han arriesgado su vida para escapar de la violencia y tener una vida. El Mediterráneo es la franja de agua que separa a dos continentes con niveles de riqueza y libertad bien distintos. No podemos acusar a los migrantes por aspirar a algo mejor.

Los estados europeos han fracasado al establecer fórmulas de inmigración legal y ordenada y de cooperación económica con los países africanos. En Italia está la Liga, es extremista; como en Francia lo es el Frente Nacional de Marine Le Pen; en Alemania, Alternativa por Alemania o Vox en España. Son partidos que avanzan sembrando un runrún xenófobo que nos habla de invasiones, de ladrones y violadores, de gente que viene a quitarnos el trabajo y se aprovecha de las ayudas sociales. Ideas tóxicas, falsedades que circulan por las redes, discursos incendiarios en busca de votos.

Según cálculos, se contabilizan 35.597 muertos hasta principios de año, 850 ahogados en el Mediterráneo en lo que llevamos de año. Cifras que no nos conmueven, porque es evidente que urge una política europea de migración, pero preferimos vender armas a dictaduras que violan los derechos humanos.

Salvini aparece en los mítines con un rosario en la mano, manifiesta su deseo de defender la civilización cristiana y la identidad de Italia frente a la globalización y la izquierda. Pero, después, se va a la playa a tomar el sol y cambia el rosario por un mojito. Entre tanto, su mensaje cala en una sociedad muerta de miedo.

Quizás veamos morir en el mar a los pasajeros del Open Arms y entonces todos seremos criminales. Nuestro temor a la inmigración y la ruindad de nuestros corazones, los habrá matado. 

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