Señor, dales sensatez


Mientras aquí estamos aburridos con la sesión de investidura, la crisis con Irán sigue subiendo y, además, se extiende.

Todo comenzó con el derribo de un dron estadounidense que había violado el espacio aéreo de Irán. En el segundo asalto, Estados Unidos envía al Golfo Pérsico barcos y tropas para abatir un dron iraní. El tercer asalto lo protagoniza un petrolero iraní retenido por los británicos en aguas españolas, junto a Gibraltar. Se le acusa de llevar a Siria petróleo de contrabando. Cuarto asalto, Irán detiene y lleva hasta el puerto de Bandar Abbas a un petrolero británico, al parecer navegaba a contradirección por el Estrecho de Ormuz, con el  GPS apagado, y tuvo un percance con un pesquero. Aquí aparecen diferentes versiones de lo ocurrido. Los iraníes aseguran que los hechos ocurrieron en sus aguas territoriales y los británicos dicen que en las de Omán.

Lo de menos a estas alturas es quién dice la verdad. Lo grave del asunto es que si esto se les va de las manos, lo pagaremos todos: subirá el precio del petróleo, caerán las Bolsas del mundo y se hundirá el comercio internacional.

Obama había logrado un acuerdo por el que se limitaba durante un tiempo la posibilidad de que Irán tuviera armamento nuclear, con esto Israel estaba tranquilo, pero desde que Trump se sentó en el despacho oval de la Casa Blanca, todo se ha ido torciendo poco a poco. Primero suspendió el acuerdo, pues le parecía muy malo, y se pasó por el forro las conclusiones de los inspectores de la Agencia para la Energía Nuclear, que aseguraban que Irán cumplía con todos sus compromisos.

Teherán ha tenido paciencia durante un año y la pasividad europea ha hecho el resto. Ahora los iraníes se jactan de su capacidad militar para enfrentarse a Estados Unidos. Nadie sabe qué se le pasa a Trump por la cabeza, pero su país lleva años empantanado en la zona, sin encontrar la manera de salir mínimamente airoso del fangal. Cabe suponer que Irak tampoco quiere líos porque lleva las de perder. Esperemos que quede un átomo de sentido común en los cerebros de los mandamases implicados en el conflicto y podamos seguir aburriéndonos la semana entera con los debates parlamentarios de aquí, sin llevarnos más sorpresas desagradables.

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