A alguien le importan los ciudadanos


Albert Rivera dejó su trabajo en el servicio jurídico de La Caixa para entrar en política, frenar el independentismo en Cataluña y ser una alternativa al bipartidismo. Los grandes empresarios del Ibex estaban encantados con él. Ciudadanos fue clave ante la amenaza de unas terceras elecciones y pactó con Mariano Rajoy.

Ahora, esos empresarios no entienden el «no» de Rivera a Sánchez, ni que haya rechazado la invitación del presidente en funciones para mantener una reunión en La Moncloa. Rivera alega que «los electores han querido que Cs haga una oposición seria, firme y constructiva». Nadie se explica la inquina de Rivera hacia Sánchez, así que el candidato va pensando fechas para unas posibles elecciones. Ya vivimos una situación semejante cuando Ciudadanos proclamó que no quería que Mariano Rajoy siguiera gobernando y luego le dieron 32 votos en su investidura.

En la ejecutiva nacional de Ciudadanos no hay demasiadas voces críticas, de momento han dimitido Roldán y Nart, esto hace suponer que la cúpula del partido está con su líder. No sé ve clara la estrategia de Rivera. De primera fuerza en Cataluña ha pasado a retirar a todos los líderes, ha apostado por un político francés que va por libre, y no aprovecha la oportunidad de presionar con medidas regeneradoras, que era su idea inicial.

Los pactos que Ciudadanos tiene en lugares clave, como Madrid, tampoco están claros. El PP copa los cargos importantes y Vox ejerce de grano en el culo. Esto deja a Ciudadanos en un limbo extraño, que refuerza el bipartidismo. Mientras tanto, Sánchez tiene otros comicios bajo la manga y podrá aducir que Cs o el PP han vetado su investidura, que ha dejado a un lado a la izquierda radical y ha rechazado el aval de los independentistas.

A nadie le importa el país, las empresas o los ciudadanos. El futuro se adivina como un magma oscuro sin que nadie aporte ideas ni el mínimo impulso. La ciudadanía se siente defraudada, timada una vez más, víctima de los intereses partidistas de cada cual y de la falta de responsabilidad y visión de futuro de los que aspiran a ser nuestros gobernantes.

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