Qué pena


Hace tan solo unos pocos años, la sociedad vio crecer una esperanza llamada 15M, y empezamos a vivir un clima de optimismo urbano. En España se produjeron cambios sustanciales en la forma de encarar la política y de hacerla, por primera vez, participativa. España fue admirada como modelo de cambio, de política no partidista que llegaba como aire fresco y con ideas diferentes para acometer proyectos urbanos centrados en la ciudadanía.

La esperanza ha durado poco a la vista de los nuevos cargos municipales. Pactos diabólicos han posibilitados que el autoritarismo se siente en los sillones más importantes. Vuelve el hedor de las cloacas. Lo hecho se deshace. Como en Madrid, donde una de las primera medidas que adoptará el consistorio será la suspensión inmediata de «Madrid Centro», una zona de bajas emisiones, aplaudida como acción imprescindible contra el cambio climático. 

Regresa la política de antes y estamos demasiado divididos como sociedad para hacerle frente. El control social infecta todos los ámbitos. Vuelven los bandos irreconciliables, la negativa a negociar, la política neoliberal que tanto daño causa.

El resultado electoral de 26M marcará las reglas de un juego basado en la aritmética y en el «por mis santos cojones». Durante el tiempo de negociaciones previas a la jura de cargos, no se ha visto ni la más mínima preocupación por el pueblo, el interés radicaba en sentarse en la poltrona, a costa de lo que sea, y no en gestionar mejor el dinero público, con ética y honradez.

Es imprescindible avanzar en igualdad y en justicia social, mejorar las condiciones de vida de la gente, sanear las arcas públicas, lograr la transparencia y la rendición de cuentas. Pero no parece que sean estas las prioridades de las políticas municipales.

El discurso de la ultraderecha se ha ido normalizando y ha llegado al poder, así que toca defender los derechos y los logros conseguidos con tanto esfuerzo, frenar el machismo, la xenofobia, el supremacismo, la desigualdad estructural, las estrategias del sistema patriarcal…

Solo nos queda esperar que el gobierno del Estado se convierta en un aliado de la resistencia.


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