El síndrome de Marilyn Monroe



El síndrome de Marilyn Monroe define a esas personas a las que todo el mundo quiere, pero a las que nadie se molesta en conocer en profundidad. Son perfiles marcados por la soledad, como el de Norma Jean. Una mujer que interpretó el papel de «rubia ingenua» y que, sin embargo, era inteligente, profunda y reflexiva. Cuando el glamur y los focos se apagaban, quedaba una mujer rota y sola.

El síndrome de Marilyn Monroe se acrecienta en la actualidad. Lo sufren actores, cantantes y, en general, personas que gozan de éxito social y admiran a los demás con su encanto, su belleza o su destreza en alguna actividad. Todo el mundo las ama y desea acercarse a ellas. Muchas veces son títeres que otros manejan a su antojo, «objetos», un medio para escalar socialmente. Ser el centro del universo puede ser reconfortante, incluso adictivo, en especial cuando se tiene la autoestima baja.

Es el caso de Marilyn: una infancia traumática y una madurez anticipada con matrimonios fallidos. Norma Jean construyó su propio papel y se convirtió en Marilyn Monroe. Interpretó a una mujer radiante, ingenua y despreocupada, con una voz infantil y seductora, capaz de enamorar a cualquiera. Este fue su mejor papel, aunque nadie lo reconociera. Un personaje que en nada se le asemejaba. Un personaje que, lentamente, iba destruyendo a su auténtico yo.

El síndrome de Marilyn Monroe nos advierte de que representar un papel para ganar el amor y la admiración de otros, se paga demasiado caro.

Comentarios