Chiste sin gracia




He descubierto que estoy sensibilizada, que me desagradan profundamente los chistes sobre la enfermedad mental, que maldita la gracia que tiene ridiculizar y burlarse de alguien que sufre cualquier patología.

Trabajar con enfermos mentales me hace verlos de otra manera, con los ojos del cariño, de la comprensión y de la admiración absoluta. Y es que hay que ser fuerte para mantenerse en pie cuando a tu alrededor todo se desmorona. Hay que tener un corazón inmenso para perdonar a quien se mofa de tu desgracia. Hay que ser de una pasta muy especial para conservar la ilusión y la esperanza, pese a todo.

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