Que Dios se apiade de nosotros


Cómo siento perderme la imagen. El trío Pablo, Albert y Santiago acompañando al Cristo de la Buena Muerte en la procesión de Jueves Santo en Málaga sería lo más, una de esas imágenes que se te quedan para siempre grabadas en la retina y en el subconsciente. Ellos, los más españoles, los más católicos, los mejores y más buenos, acompañando a los legionarios a paso marcial, oliendo a incienso.

Al final, la cofradía, con buen criterio, ha decidido que ya habrá tiempo para andar bajo palio, que no hay que mezclar Iglesia y Estado, que para ser «novio de la muerte» hay que reunir unos requisitos, que no basta con gritar: «Legionarios a luchar, legionarios a morir. ¡Viva la muerte!», hay que sentir en lo más hondo las doce máximas redactadas por José Millán-Astray.

Lo dicho, es una lástima que a los españoles se nos prive de esa foto para la posteridad del bloque constitucionalista que se postula para redimirnos de los pecados de tanto: «Traidor, felón, incapaz, mediocre, mentiroso compulsivo, ilegítimo u okupa». Que Dios se apiade de nosotros.

Comentarios