La España vacía se llena para las elecciones


Hace unas semanas, la Oficina del Censo Electoral publicaba el Censo Electoral de Españoles Residentes en España, una base de datos en la que se contabilizan los ciudadanos que reúnen los requisitos exigidos para ejercer su derecho a voto el próximo 28 de abril. La cifra es de 34,8 millones de españoles. Pero la disparidad entre el número de votantes y el de habitantes es habitual en los comicios españoles.

En 1996, dos días antes de las elecciones en las que ganó José María Aznar, el diario El Mundo alertaba de una diferencia de un millón y medio de personas inscritas como votantes que no aparecían en el padrón. En aquel momento, el INE actualizaba sus datos cada diez años, de manera que el censo dejaba bastante que desear. Desde entonces se decidió actualizar los padrones mensualmente y cerrarlos el 1 de enero de cada año. Se pretendía acabar así con los «votantes fantasma». O esa era la intención. Porque, por ejemplo, el municipio de Tordelrábano (Guadalajara) tiene 13 habitantes y 25 votantes según las cifras oficiales. En Salvatierra de Santiago (Cáceres) de un padrón de 200 personas sale un censo electoral de casi el doble. Este año, 327 localidades tienen descuadres. El Instituto Nacional de Estadística descarga la responsabilidad en los ayuntamientos o en las diputaciones provinciales.

Con la proximidad de las elecciones municipales están aumentando los empadronamientos sospechosos que influyen en el resultado. En Maderuelo (Segovia), hay 70 vecinos fantasma, el padrón ha aumentado un 60 %, y la Oficina del Censo Electoral ha abierto una investigación. Recordemos que el padrón se utiliza para calcular el número de concejales que corresponden a cada municipio, y la cercanía de las municipales ha disparado movimientos anómalos en el censo electoral en pequeños pueblos de la España interior, es en ellos donde un puñado de votos resuelve la victoria electoral.

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