Des información


Cada vez queda más patente que los medios de comunicación se deben a los intereses de los grupos que los financian. El resultado es una información sesgada que confina a la opinión pública en el reducto de lo nacional. La desinformación es la norma, el simplismo y la bruma lo envuelven todo.

Los medios de comunicación dominantes son herramientas para la elaboración de un pensamiento con una diversidad aparente, pero que en realidad es servilista: sirven al Bien, los demás están en el bando contrario.

Denunciar la miseria, la dictadura o cualquier problema en «otro» lugar, evita fijarse en los propios problemas y convierte al «otro» sistema económico o político en un ejemplo de lo malo.

Cada día nos sorprenden acontecimientos que parecen nacidos por generación espontánea, carecen de historia previa, son un flas en los informativos, flor de un día. No hay antecedentes que sirvan para entender que la cuestión kurda es una secuela de la Primera Guerra Mundial, así los vencedores de 1918 carecen de responsabilidad en el asunto. Hemos olvidado que la situación actual en Palestina tiene setenta años de antigüedad. Cada bomba informativa tiene una vida efímera, sobrevive mientras capta la atención y luego se esfuma sin que se produzca un seguimiento. La razón es que hay que impresionar a las mentes para crear una opinión concreta y establecida de antemano.

El mundo tiene más de 200 estados, de la inmensa mayoría de ellos no sabemos nada, no interesa que sepamos. Se destaca la hostilidad entre Rusia y China para no fijarnos en las condenas de Naciones Unidas o del Parlamento Europeo al gobierno francés por la represión de los Chalecos Amarillos en París. Los ciudadanos carecemos de capacidad para verificar las informaciones, para evaluarlas. Los periodistas eligen los hechos que cuentan, orientan debates y parten de una posición previa. La «objetividad» es imposible, pero al menos debería existir una honestidad elemental que explicase el mayor número de acontecimientos. Pero la selección de noticias en los diferentes medios es muy similar, en todos nos contaron que Irak disponía de armas de destrucción masiva.

El tono del discurso, las palabras que se escogen, las imágenes que ilustran la noticia, la contaminan. El presidente de un país se convertirá en dictador cuando convenga y pasará de amigo a enemigo si procede arrebatarle el poder en una guerra «justa» o mediante una intervención «humanitaria». Un manifestante herido en París es un «error», un «accidente». Un manifestante herido en Venezuela es la consecuencia de la represión dictatorial del régimen. Se aplaude que en Arabia Saudí puedan conducir las mujeres y se pone de ejemplo democrático este hecho insignificante, mientras se callan los abusos en Yemen porque los petrodólares mandan mucho. La OTAN machaca Oriente Medio defendiendo los derechos humanos, pero la intervención de Rusia en Siria la convierte en aliado del verdugo de Damasco. La dictadura brasileña no nos preocupa, pero la chavista nos quita el sueño.

Nos quieren tontos e ignorantes, y así estamos.

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