Descanso eterno



«No podemos marcharnos sin acabar esto». «Hay que hacerlo sí o sí». «Tiene que estar para ayer»… Cada vez es más frecuente escuchar frases de este tipo. Jornadas que no acaban nunca, porque te llevas el trabajo a casa o incrustado en la mente, chapuzas monumentales porque no se puede hacer otra cosa en tan poco tiempo, estrés galopante, bajas por ataques de ansiedad, trabajo para diez realizado por cuatro personas, horarios infinitos en la oficina, en las tiendas, en los restaurantes y bares…

Vivimos en una crisis laboral perpetua. Las empresas hacen y deshacen a su antojo sin encontrar resistencia, porque el miedo en la plantilla es perenne: miedo al despido, a los recortes de personal, a no cumplir los objetivos, a no dar la talla, a no ajustarse al perfil, a no llegar a la fecha de entrega, a enfadar al cliente, al jefe, a no poder vivir. Miedo a todo.

Millones de horas extra gratis. Una estafa que se nos va de las manos, que deja secuelas en los trabajadores, en las familias, en la sociedad. ¿Por qué un empleado ha de cargar con los problemas de su empresa? Empresas que mejoran sus beneficios año tras año al tiempo que se deshacen de su plantilla. ¿Este es el nuevo modelo de organización empresarial?

Los sindicatos no existen, nadie impide los abusos, los trabajadores están solos e indefensos ante el explotador de turno. Antes el domingo era un día sagrado de descanso. Supuestamente, Dios creó el mundo en seis días y el séptimo descansó. Nosotros tenemos que contentarnos soñando con el descanso eterno.

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