Pobre becario

España es un país peculiar, donde las empresas pueden tener trabajadores que no cobran. La figura del becario, esa persona que trabaja a cambio de una exigua prestación económica, por los gastos de transporte o, simplemente, por la jeta a cambio de adquirir experiencia laboral, es otra forma de explotación legal.

En nuestro país existen 6 tipos de prácticas «no laborales» con distintas condiciones. Las que más abusos generan, según los sindicatos, son aquellas prácticas universitarias en las que el alumno puede recibir «una aportación económica», pero no es obligatoria. Por tanto, el empresario se la ahorra. Como la regulación es genérica, caben muchos tipos de prácticas, desde las curriculares, que son obligatorias por formar parte del plan de estudios, hasta las extracurriculares, que son voluntarias.

Datos del informe The experience of traineeships in the EU, de la Comisión Europea, indican que el 61 % de los alumnos españoles en prácticas no recibe ninguna compensación económica.

En la práctica, las condiciones de los becarios son denunciables: en muchos casos el tutor solo existe sobre el papel, no hay una tutela efectiva, y los horarios no suelen cumplirse. Por eso el becario se convierte en mano de obra barata, en un trabajador explotado. Pero esta situación también afecta al resto de trabajadores. No se contrata personal para cubrir las vacaciones o ciertos puestos porque para eso está el becario gratuito, que no protesta y carece de derechos sindicales. Además no hay un máximo de becarios que una empresa pueda contratar: puede tener los que quiera. 

Comentarios