Uber, que viene el lobo

Llevamos días contemplando como espectadores la repercusión de la llegada de la empresa Uber y sus efectos entre los taxistas. Pero no se trata de Uber contra el taxi. Analicemos el fondo de la cuestión. La cuestión que nos importa es el modelo de trabajo que intenta imponer.

Uber no precisa de una flota de vehículos propios, no tiene que pagar salarios ni seguros sociales porque carece de empleados. No tiene gastos de mantenimiento ni paga impuestos derivados de la posesión de los bienes destinados a la actividad. Su misión es poner en contacto a clientes y autónomos mediante el uso de una aplicación y cobrar un porcentaje por ello. Así logra obtener unos abultados ingresos debido a la cantidad ingente de servicios que realiza, además opera en todo el mundo.

Uber argumenta que ellos son el futuro, la innovación y el progreso, un nuevo modelo de negocio. Su propuesta es tan vieja como el mundo: obtener el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo. El peligro para todos es que este tipo de empresas prosperen, porque los empleados se tendrán que convertir forzosamente en autónomos y trabajarán a destajo, autoexplotándose para obtener un salario miserable. Entre tanto, la moderna empresa irá haciendo caja sin arriesgar un céntimo. Todo serán beneficios. ¿Este es el futuro que queremos?

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