Sobre Patria de Aramburu

Acabo de leer Patria. La obra de Fernando Aramburu me parece impecable, aunque con un desenlace poco verosímil, a mi juicio.

Entiendo que la novela haya conquistado el corazón de tanta gente, porque tiene el final que todos deseamos para zanjar de una vez por siempre otro episodio lamentable de la historia de España.

Habrá a quien le resulte imprescindible que la cúpula de ETA haga un comunicado público diciendo: Lo sentimos mucho. Nos hemos equivocado. No volverá a pasar. Jamás defenderemos nuestras ideas matando porque, como dijo André Malraux, una vida no vale nada, pero nada vale una vida.

Insisto, esto complacería a muchos. Pero si ETA asume estas palabras, todos sus razonamientos se vuelven absurdos: Matamos por nada. Matamos para nada.

Supongo, solo supongo, que cuando alguien tiene sobre su conciencia los asesinatos de 1, 10 o 100 personas, necesita justificar sus actos, creer que mató para conseguir un bien mayor, que puede ser salvar a la patria o cualquier otro, como por ejemplo, defender a su dios. Pero reconocer que fue una equivocación secuestrar, atentar, matar… convierte en vil asesino, se deja de ser gudari, un héroe, y se pasa a ser un desalmado.

¿Cómo se digiere esto? Obviamente, con suma dificultad.

Y aquí es donde, a mi modo de ver, Aramburu yerra, resolviendo la enemistad de dos familias que fueron amigas con un abrazo, que todos aplaudiríamos de no intuirse impostado y poco creíble.

Confío, por el bien de todos, vascos y españoles, que esta cuestión se salve definitivamente y de la mejor manera.

En España no nos distinguimos precisamente por las reconciliaciones, por ser generosos administrando el perdón y el consiguiente olvido. Tantos años desde que concluyó la Guerra Civil y aún hay muertos en las cunetas, defensores de que los saquen, defensores de que se queden.

Ojalá, reitero, el fin de ETA sea un final honroso, del que nadie tenga que avergonzarse.

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