Sobre mis tacones

Hace años soñaba con recorrer el mundo subida a unos tacones. Pisar fuerte por las calles, caminar con energía por la vida. ¡Ah, la vida! Qué gran escuela.

Con el tiempo aprendí que lo práctico es mejor, que con unas manoletinas podía bailar, correr, pasear sin cansarme, llegar a cualquier parte.

Los tacones quedaron guardados en una caja. Antes me alcé con ellos por última vez, pero la vida desde arriba ofrece una perspectiva que no es tan veraz como la que se muestra a ras del suelo. Sentada en un bolardo contemplé la realidad pasando ante mis ojos y decidí. Decidí pisar barro en vez de alfombras. Mancharme del polvo del camino. Renegar del sonido de mis pasos sobre el mármol. Admirar la belleza de un pie descalzo.

Ya no añoro los tacones. No me cansa mantenerme erguida sobre ellos. He descubierto el valor de vivir con los pies en la tierra.

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